Cosas de la vida

Mi mejor cumpleaños con el mejor regalo

Hoy hace 49 años que estoy por aquí. Y me ha dado por recapacitar sobre que ha sido de mi vida hasta este momento. ¿Y qué es lo que me he encontrado?.

En mi infancia he encontrado gran cantidad de momentos felices con mis padres, con la familia, con mis primas y primos, en el Colegio, con los amigos que conservo, el terrible día que un accidente me dejó ciego -cuidado con los jue(el 23 de febrero no pude ver a Tejero por la tele), el inmensamente feliz día que el médico me quita la venda dos meses después y dice “milagro no se ha quedado ciego por un milímetro”…….., si realmente estuvo muy bien. Conclusión: he tenido una infancia feliz, plena y “con suerte”. Bueno, unos dirán suerte, yo digo que Dios se pasó un rato a mi lado.

En mi juventud los deseos de ser profesional del deporte, la competición, los viajes, la “maldita lesión” que me hizo cambiar de objetivos en la vida, la Universidad, más momentos felices con mis padres, la familia (la verdad es que la familia siempre está), la tristeza de los amigos que se van, la alegría de los que llegan a tu vida y permanecen, el accidente de tráfico y los meses de rehabilitación, la familia que siempre está ahí…….., y el día que llegó ella a mi vida. Recuerdo segundo a segundo el momento en el que la pedía salir (si entonces pedíamos salir, ahora sé que no se lleva, pero entonces pedíamos), a la que lleva más de 31 años a mi lado y recuerdo el día de la boda, uno de los tres momentos más felices de mi vida. Conclusión a esta etapa: he tenido una juventud plena, feliz y “con suerte”. En este sentido unos dirán que suerte, yo opino que Dios se dejó caer otro ratillo por mi lado.

Y llega mi segunda juventud (la que llega hasta la semana pasada). Una más que correcta carrera profesional como empleado y como empresario, los amigos que te decepcionan (consejo: ojo los “amigos” que dejas entrar en tus negocios y las condiciones en las que los aceptas, puedes quedarte fuera de tu propia empresa. Aprendí mucho superándolo), los amigos que siempre están ahí, mi aventura en política -en esta sigo a día de hoy embarcado, y sin sueldo-, mi cuñado (mi hermano, ay! que te quiero Antonio), mi cuñada (se fue de mi vida y volvió, es mi hermana), mi sobrina (podría decirse que es como nuestra hija, he tenido el honor de participar en su infancia y juventud y verla convertirse en una persona adulta de las que merecen mucho la pena), mis sobrinos (los quiero), el día que un viaje en avión casi me cuesta la vida por esos malditos trombos que se me clavaron en los pulmones. Cuando el médico nos dijo que era cuestión de días saber si lo superaría “o no”. ¡Uf!  En esos días redescubrí a la pedazo de mujer que tengo a mi lado. Lo superamos juntos. Y ¿la familia?, ¿mis tías y tíos, mis primas y primos?. Pues lo de siempre, siempre están ahí. Tengo una familia fantástica, en España y fuera de España. La tristeza de haber perdido a mi padre en contraposición de la felicidad de haberle tenido algo más de un año en mi casa, intentando recuperarse, y conociendo a su nieto. En fin, mi segunda juventud ha sido muy feliz y “con suerte”. Seguro, seguro que algunos dirán que ha sido suerte, yo, como siempre, digo que Díos se paso en algunos momentos a ver como estábamos.

Por encima de cualquier etapa de vida, hay una que destaca sobre todas, y la saco de mi “segunda juventud” y ha culminado hace unos días. Un buen día hace ya 11 años, mi mujer y yo recibimos la triste (muy muy triste) noticia. Pese a todos los esfuerzos, pruebas, intentos,…., teníamos una extraña incompatibilidad que nos impediría tener hijos juntos. Casi de inmediato decidimos ADOPTAR. Iniciamos una aventura de 9 años. 9 años haciendo pruebas, completando test, solucionando trámites y lo peor, 9 años de espera, unas veces paciente, otras veces no tan paciente. Por cierto, muchas gracias a ACI Madrid adopciones y a los servicios de la Comunidad de Madrid. Su apoyo y ayuda en todo este tiempo a sido un soporte en la espera. Lo digo de corazón. Pasan los 9 años y recibimos una llamada. ¡Joder!, no puedo recordar ese día sin que se me llenen los ojos de lágrimas. Ese día que nos comunican que nos acaban de asignar un niño de dos años de edad en Filipinas. INDESCRIPTIBLE EL SENTIMIENTO. El viaje (28 horas de vuelo). Los nervios y por fin, otro día de los cuatro más felices que puedo recordar.  Por fin, le conozco. Es Willy y es nuestro hijo. El primer abrazo que me dió, hoy todavía lo siento. Algo extraño pasó en nuestro interior, ese mismo día. De repente todo era superfluo. Solo importaba él.

Todo ha culminado en el, hasta ahora, cuarto día más feliz. Hace unos días, nos comunican que por fin Willy, es ya para siempre, Willy Sagüillo Pintor. Ya es nuestro nijo a todos los efectos, 9+2 años después. ¿Se puede ser más feliz? ¿Se puede tener mejor regalo de cumpleaños?.  Hasta hoy mi vida ha sido feliz y va a más, y sin duda alguna, estoy seguro, que Dios se ha pasado a vernos incluso más a menudo de lo que yo pienso.

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